Plotino – Tratado 51,4 (I, 8, 4) — Os males segundos: males dos corpos e vícios da alma

Igal

4 En cambio, la naturaleza de los cuerpos, por cuanto participa de materia, será un mal no primario. Porque, eso sí, los cuerpos poseen una forma inauténtica, están privados de vida, se destruyen unos a otros, es desordenado el movimiento que originan, son impedimento para el alma — para la actividad propia del alma — y eluden la sustancia, fluyendo como están constantemente: son un mal de segundo orden. Pero el alma no es mala por sí misma, y tampoco es mala toda ella. — ¿Pues cuál es la mala?

La que (Platón) caracteriza diciendo: «una vez que hemos reducido a servidumbre aquella parte del alma en la que el vicio halla su sede natural», dando a entender que es la especie irracional del alma la que es receptora del mal, de sinmedida, de exceso y defecto, de los cuales provienen la intemperancia, la cobardía y los vicios restantes del alma, afecciones involuntarias implantadoras de opiniones falsas y de la creencia de que las cosas que rehuye son malas y las que persigue buenas.

Pero ¿cuál es la causa de este vicio? ¿Y cómo reducirlo a aquel principio y a aquella causa?

Es que, en primer lugar, el alma de esa especie no está fuera de la materia ni existe por sí misma.

Está, pues, mezclada de sinmedida y es impartícipe de la forma que pone orden y reduce a medida, porque está entremezclada con un cuerpo dotado de materia. En segundo lugar, aun la parte racional, caso de que sufra daño, se ve impedida de ver por causa de las pasiones y porque está entenebrecida por la materia e inclinada a la materia y, en suma, porque pone la vista no en la Esencia, sino en el devenir, cuyo principio es la naturaleza de la materia, la cual es tan mala que incluso a quien no está todavía sumido en ella, con sólo que haya posado su mirada en ella, lo infesta de su propio mal. Porque como no participa en absoluto en el bien, como es privación de bien y pura carencia, vuelve semejante a sí a todo aquello que de cualquier modo tome contacto con ella.

Así, pues, el alma que es perfecta y se inclina a la inteligencia, permanece siempre pura y vuelta de espaldas a la materia, y ni mira ni se aproxima a todo aquello que es indeterminado, falto de medida y malo. Permanece, pues, pura, enteramente determinada por la inteligencia. En cambio, el alma que no permaneció así, sino que, saliendo de aquélla, avanzó como fantasma de aquélla por no ser perfecta ni primaria, colmada de indeterminación por su carencia, en la medida en que carece, no ve sino tiniebla y se contagia ya de materia al ver lo que no ve, tal como decimos que vemos aun la tiniebla.

Bouillet

Guthrie

MacKenna

  1. Tout ce passage parait altéré. Nous avons traduit, avec Ficin et Taylor, comme s’il y avait ἐστέρηται σὲ ζωῆς, bien que le texte porte ἐστέρηται οὔτε ζωῆς. Creuzer, tout en consentant la négation dans son texte, déclare dans ses notes en préférer la suppression. Cette correction est autorisée par deux Mss. Si l’on maintenait la négation, comme l’a fait Engelhardt, on pourrait traduire: « Les corps ne sont pas privés de la vie, mais ils se corrompent, etc. »[]
  2. Au lieu de φορᾷ ἄτακτος, que porte ici le texte, il faut lire ou φορὰ ἄτακτος, ou φορᾷ ἀτάκτῳ.[]
  3. Δουλευσαμὲνῳ, expression familière à Platon quand il parle de l’âme qui s’est placée dans la dépendance du corps. On la trouve notamment dans le 1er Alcibiade.[]
  4. Dans cette phrase, la génération signifie les choses engendrées, qui n’ont qu’une existence contingente ou périssable; aussi Plotin joint-il souvent l’expression de γένεσις à celle de θνητὴ φύσις et de φθορά. Voy. Enn. II, liv. IV, § 5, 6.[]
  5. Pour l’intelligence de ce passage, Voy. Enn. II, liv. IV, § 10-12. Plotin assimile l’être, l’âme, l’intelligence, le Bien à la Lumière (p. 57, 110,112, etc., de notre traduction), le non-être, la matière, le Mal, aux Ténèbres (p. 106, 123, 132, 135, etc.). Il explique par une irradiation de l’âme la formation du corps : les puissances sensitive, génératrice, nutritive, sont l’image de l’âme qui produit le corps en illuminant la matière, en s’y reflétant comme dans un miroir (p. 45, 47, 49, 137, etc.). Il est impossible de ne pas reconnaître dans ces idées l’esprit oriental, surtout l’influence des dogmes persans. Nous nous bornerons à une seule citation. Voici comment Ormuzd parle à Zoroastre dans les livres zends : « Apprends à tous les hommes que tout objet brillant et lumineux est l’éclat de ma propre lumière… Rien dans le monde n’est au-dessus de la lumière, dont j’ai créé le paradis, les anges et tout ce qui est agréable, tandis que l’enfer est une production des ténèbres. » (Voy. M. Franck, Dictionnaire des Sciences philosophiques, tome V : Doctrines religieuses et philosophiques des Perses.) On trouvera aussi plus loin, dans les notes du liv. IX de l’Ennéade II, des rapprochements curieux entre la doctrine de Plotin sur Dieu et celle que contient la Kabbale sur le même sujet. Du reste, le goût que notre philosophe avait pour les idées orientales est attesté par Porphyre lui-même (Voy .Vie de Plotin, § 3).[]
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