| Indudablemente, no deberá llamarse cualidades a todo lo que constituye el complemento de una sustancia; porque se trata de actos que provienen de las razones seminales y de potencias que se encuentran en las sustancias. La verdadera cualidad aparece fuera de toda sustancia, no mostrándose como cualidad y como algo que no lo es, pues en verdad excede a la sustancia misma. Tomemos el ejemplo de la virtud y el vicio, de la fealdad y la belleza, o incluso el de la salud y la representación de tal forma. No es cualidad la forma, esto, es el triángulo o el cuadrado, sino el hecho de adoptar la forma triangular, como tampoco es cualidad la triangularidad, sino el recibir dicha forma; se trata, sin duda, de artes y de disposiciones. He aquí, pues, que la cualidad viene a ser también una disposición que se encuentra en las sustancias reales, o algo traído de fuera, o que se da en la sustancia desde un principio. La sustancia, sin embargo, no la echada de menos, si no la poseyese. Digamos que las cualidades son fácil y difícilmente mudables; de modo que existen dos clases de ellas: las que cambian con facilidad y las que perseveran en sí mismas. | Indudablemente, no deberá llamarse cualidades a todo lo que constituye el complemento de una sustancia; porque se trata de actos que provienen de las razones seminales y de potencias que se encuentran en las sustancias. La verdadera cualidad aparece fuera de toda sustancia, no mostrándose como cualidad y como algo que no lo es, pues en verdad excede a la sustancia misma. Tomemos el ejemplo de la virtud y el vicio, de la fealdad y la belleza, o incluso el de la salud y la representación de tal forma. No es cualidad la forma, esto, es el triángulo o el cuadrado, sino el hecho de adoptar la forma triangular, como tampoco es cualidad la triangularidad, sino el recibir dicha forma; se trata, sin duda, de artes y de disposiciones. He aquí, pues, que la cualidad viene a ser también una disposición que se encuentra en las sustancias reales, o algo traído de fuera, o que se da en la sustancia desde un principio. La sustancia, sin embargo, no la echada de menos, si no la poseyese. Digamos que las cualidades son fácil y difícilmente mudables; de modo que existen dos clases de ellas: las que cambian con facilidad y las que perseveran en sí mismas. |