| El orden no proviene del desorden, ni la ley nace de la desigualdad, como cree cierto filósofo, porque, en su opinión, lo que es mejor provendría de lo que es peor y alcanzaría la luz por ello. El orden existe porque ha sido traído de alguna parte y, justamente, porque hay orden se da también el desorden, como, porque hay ley y razón, existe la desigualdad y la sinrazón. Y no es que las cosas que son mejores hayan producido las que son peores, sino que las cosas que pretenden lo mejor se muestran incapaces de recibirlo, bien por su naturaleza, bien por un conjunto de circunstancias que les resultan extrañas. El ser incluido en un orden que no le es propio, no lo alcanza por una de estas dos razones: o por motivos que dependen exclusivamente de él, o por causas que atañen a otros seres. Muy a menudo, esos mismos seres le hacen sufrir sin querer, cuando tienden realmente a otro fin bien distinto. Los seres vivos que tienen el poder de moverse a sí mismos, se inclinan unas veces hacia el bien y otras hacia el mal. Quizá no sea justo decir que su inclinación al mal proviene de que busquen el mal, porque al principio esta inclinación es pequeña, yendo luego a más y aumentando consiguientemente el error sufrido. También es cierto que el alma se halla unida al cuerpo y que de esta unión se sigue necesariamente el deseo; un error inicial y momentáneo, que no ha sido corregido inmediatamente, dispone nuestra elección a la caída definitiva. El castigo vendrá después y no es inadecuado que se sufra entonces las consecuencias de tal disposición. No pidamos que les sea concedido el bien a quienes no han hecho nada por merecerlo. Tan sólo los seres buenos son felices; por lo cual también los dioses lo son. | El orden no proviene del desorden, ni la ley nace de la desigualdad, como cree cierto filósofo, porque, en su opinión, lo que es mejor provendría de lo que es peor y alcanzaría la luz por ello. El orden existe porque ha sido traído de alguna parte y, justamente, porque hay orden se da también el desorden, como, porque hay ley y razón, existe la desigualdad y la sinrazón. Y no es que las cosas que son mejores hayan producido las que son peores, sino que las cosas que pretenden lo mejor se muestran incapaces de recibirlo, bien por su naturaleza, bien por un conjunto de circunstancias que les resultan extrañas. El ser incluido en un orden que no le es propio, no lo alcanza por una de estas dos razones: o por motivos que dependen exclusivamente de él, o por causas que atañen a otros seres. Muy a menudo, esos mismos seres le hacen sufrir sin querer, cuando tienden realmente a otro fin bien distinto. Los seres vivos que tienen el poder de moverse a sí mismos, se inclinan unas veces hacia el bien y otras hacia el mal. Quizá no sea justo decir que su inclinación al mal proviene de que busquen el mal, porque al principio esta inclinación es pequeña, yendo luego a más y aumentando consiguientemente el error sufrido. También es cierto que el alma se halla unida al cuerpo y que de esta unión se sigue necesariamente el deseo; un error inicial y momentáneo, que no ha sido corregido inmediatamente, dispone nuestra elección a la caída definitiva. El castigo vendrá después y no es inadecuado que se sufra entonces las consecuencias de tal disposición. No pidamos que les sea concedido el bien a quienes no han hecho nada por merecerlo. Tan sólo los seres buenos son felices; por lo cual también los dioses lo son. |