Enéada VI, 6, 18 — O número ilimitado: o número inteligível

18. Quedaremos entonces en que el número inteligible es finito; y en ese caso somos nosotros los que imaginamos un número mayor que todo número propuesto, con lo cual se origina el número infinito. En el mundo inteligible no se puede imaginar nada más que lo que ya se ha imaginado; ya está ahí todo número. No será posible tomar número alguno para añadirlo al del mundo inteligible. Mas, el número del mundo inteligible resulta asimismo infinito, por carecer de medición; porque, ¿quién podría ser su medida? El número que es, el número todo entero es un ser, a la vez uno y total, sin ningún límite que pueda alcanzarle; es por sí lo que es. Porque, de manera general, no hay nada que sirva de límite a los seres, y lo que tiene algún límite y medida es lo que se ve necesitado de medición por haber sido detenido en su avance hacia el infinito. Los inteligibles son todos ellos medidas, y de ahí el que todos también sean bellos. Porque el Animal es bello, posee la mejor de las vidas y no se ve privado de ninguna; tiene la vida sin mezcla alguna de muerte, dado que en el mundo inteligible nada es mortal ni muere1. La vida del Animal en sí no es una vida sin consistencia, sino la vida primera que posee toda la claridad y evidencia necesarias; es como la luz primera de la que las almas toman la vida para traerla al mundo sensible. Conoce, pues, porque lo vive, el fin y el origen de su vida, porque el punto de partida es también el punto de llegada. La sabiduría universal y la Inteligencia universal están cercanas y unidas a él, proporcionándole su bondad y aportándole su sabiduría y haciendo así su belleza mucho más respetable. E incluso en este mundo nuestro una vida prudente es también digna de respeto y reúne la belleza verdadera, aunque sus rasgos aparezcan difusos. En el mundo inteligible se la verá totalmente pura. Da al que ve la visión y la fuerza para vivir más y, al vivir intensamente, para llegar a ser lo que ve.

En este mundo, nuestra mirada se lanza asimismo sobre las cosas sin alma, y cuando se dirige a los seres vivos percibe también lo que en ellos carece de vida, pues la vida interior de éstos se ve afectada de mezcla. En el mundo inteligible todo es plenitud de vida, todo son seres con vida pura; y si tomaseis algo como indigente de vida, sin demora manifestaría la vida delante de vosotros. Una vez que se contempla la esencia que penetra en esos seres y que les da esa vida inmóvil e incapaz de cambio, y con ella la inteligencia, la sabiduría y la ciencia, es claro que resulta risible el compararla con la naturaleza de aquí abajo y el pretender hacer de ésta una esencia. Con la esencia inteligible se encuentra la vida, y la inteligencia; los seres son ahí inmutables para siempre; nada sale de ahí, nada cambia, nada se encuentra fuera de sí. No hay ningún otro ser que pueda acercársele; cualquier otro que hubiese, estaría bajo esa esencia y, si fuese su contrario, sería también impasible por el hecho de ser su contrario. Caso de que se diese la identidad de ser no habría necesidad de producir un segundo ser y, de ser otro, se daría un término común y anterior que sería necesariamente el ser. De manera que Parménides afirmaba con razón que el ser es uno; y es impasible no por encontrarse aislado de cualquier otro ser, sino ciertamente por su calidad de ser. De él solo depende su existencia. ¿Cómo, pues, iba a negarse la existencia o cualquier otra cosa a esos seres que se dan en acto y que provienen de aquel ser”? En tanto que es, no deja de producir el ser; pero él es siempre, y también, por tanto, los seres del mundo inteligible. Es tan grande en potencia y en belleza que fascina y deja todo pendiente de él; y así su huella se hace visible en todas las cosas, que se complacen en él y buscan después de él al Bien. Porque, en relación con nosotros, el Ser precede al Bien, y este mundo nuestro quiere la vida y la sabiduría con objeto de ser. Toda alma y toda inteligencia desean ser lo que son; sólo el ser se basta por completo a sí mismo.


  1. La expresión to zoon de que hace uso Plotino con tanta frecuencia significa, en el pensamiento de Platón, todo lo que participa de la vida. Entendemos que la traducción por animal o ser vivo o dotado de vida, es de suyo indiferente, aunque al emplear el término animal y Animal en sí se quiera expresar una cierta oposición, que Platón aceptaba, respecto al reino vegetal. 

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